
Paraguay abre la puerta a la energía solar con una nueva ley que cambia el juego
Paraguay acaba de dar un paso importante —y largamente esperado— en materia de política energética. Con la aprobación y promulgación de una nueva ley que regula la generación de energía eléctrica a partir de fuentes renovables no hidráulicas, el país comienza a salir de un esquema casi exclusivamente hidroeléctrico y se anima, por fin, a diversificar su matriz.
La norma, conocida como Ley N.º 7599, pone el foco especialmente en la energía solar, una fuente con enorme potencial en el país y hasta ahora poco desarrollada a escala comercial.
No se trata solo de una ley más: es un cambio de lógica.
Un nuevo escenario para el sector energético

Durante décadas, el sistema eléctrico paraguayo estuvo marcado por una fuerte centralización en torno a la ANDE y por el peso dominante de las grandes represas. Ese modelo fue exitoso en términos de generación limpia y costos, pero también dejó poco margen para otras tecnologías y para la participación del sector privado.
La nueva ley viene a modificar ese esquema. A partir de ahora, los privados podrán generar energía renovable, venderla a la ANDE o incluso comercializarla bajo nuevos esquemas, abriendo un mercado que hasta hoy estaba prácticamente cerrado.
En los hechos, esto significa más competencia, más proyectos y, sobre todo, más incentivos para invertir en energía solar, tanto a gran escala como en esquemas de autogeneración.
¿Por qué la energía solar?
Paraguay tiene condiciones naturales muy favorables para el desarrollo solar: buena radiación, disponibilidad de suelo y una demanda energética en crecimiento, especialmente del sector industrial y urbano.

Hasta ahora, esa ventaja no se había traducido en proyectos relevantes, en gran parte por la falta de un marco legal claro. La nueva ley busca cubrir ese vacío y alinearse con una tendencia que ya es global: matrices energéticas más diversificadas, flexibles y resilientes.
Además, sumar energía solar permite reducir riesgos asociados a la variabilidad climática, algo cada vez más visible incluso en sistemas fuertemente hidroeléctricos.
Impacto económico y mirada sustentable

Más allá del aspecto energético, la ley tiene un fuerte componente económico y ambiental. La apertura del mercado:
- Mejora el clima de inversiones, especialmente para capitales vinculados a energías limpias.
- Genera oportunidades de empleo y desarrollo tecnológico local.
- Favorece modelos de energía distribuida, con impacto positivo en zonas productivas y rurales.
- Refuerza el perfil de Paraguay como país alineado con la agenda de sostenibilidad y transición energética.
En un contexto regional e internacional donde la energía limpia es cada vez más un requisito —y no solo una opción—, este marco legal posiciona mejor al país para el futuro.
El desafío que viene

Como suele ocurrir, la ley es solo el primer paso. Ahora empieza la etapa clave: la reglamentación y la implementación concreta. De cómo se definan los incentivos, las reglas de juego y los mecanismos operativos dependerá que esta apertura se traduzca en proyectos reales y no quede solo en el plano normativo.
Si el proceso avanza con previsibilidad y claridad, Paraguay podría estar frente a una nueva etapa de su política energética, complementando su fortaleza hidroeléctrica con una apuesta decidida por la energía solar.
Por Emmanuel Garcia
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