
Puerto Rico apuesta al futuro: Planificación urbana como estrategia ante los desafíos globales.
El Concejo Deliberante de Puerto Rico sancionó por unanimidad, el 21 de abril de 2026, el Código de Planeamiento Urbano Ambiental (CPUA), la primera norma integral de ordenamiento territorial de la ciudad. La medida regula el uso del suelo, protege los arroyos urbanos y apuesta por una movilidad más sostenible en una ciudad que en trece años duplicó su expansión urbana.

Una hoja de ruta
Puerto Rico no es la excepción en la provincia de Misiones: creció aceleradamente en las últimas dos décadas, extendiendo su tejido urbano hacia zonas periféricas sin servicios, sobre arroyos y en suelos permeables. La imagen satelital entre 2012 y 2025 lo confirma: la mancha urbana avanzó de forma dispersa sobre el territorio, absorbiendo franjas rurales y acercándose al municipio vecino de Garuhapé, integrando a las colonias de San Alberto y Mbopicua.
Esa expansión tiene costos concretos: más kilómetros de infraestructura que sostener, más dependencia del automóvil, más riesgo de inundaciones y pérdida de biodiversidad. El CPUA nació, precisamente, para transformar esa lógica.

¿Qué cambios introduce el CPUA?
El código organiza el crecimiento de la ciudad a partir de cuatro ejes estratégicos:
1. Uso eficiente del suelo. Se desalienta la dispersión urbana y se prioriza el desarrollo en áreas ya consolidadas. La ciudad busca ser más compacta: menos presión sobre la infraestructura, menos consumo de suelo periurbano.
2. Movilidad sostenible. El objetivo central es reducir la dependencia del automóvil particular. El desarrollo comercial e industrial queda vinculado a corredores con acceso a transporte público, ciclovías y sendas peatonales.
3. Infraestructura verde. Se establece una red de espacios verdes y corredores biológicos vinculados a los arroyos urbanos, con el objetivo de mitigar el efecto isla de calor, mejorar la permeabilidad del suelo y proteger la biodiversidad urbana.
4. Economía local y tejido social. El código promueve la mezcla de usos —residencial, comercial, productivo— para que los vecinos puedan acceder a bienes y servicios sin necesidad de grandes desplazamientos.
Tres medidas concretas marcan el espíritu de la norma:
- Franjas de protección de arroyos urbanos, destinadas a corredores biológicos y amortiguación hidrológica.
- Permeabilidad mínima del 30% en todo nuevo desarrollo, para reducir inundaciones y recargar napas.
- Incentivos a energías renovables y captación de agua de lluvia: los proyectos que incorporen estas innovaciones o cedan espacio público recibirán beneficios en indicadores urbanísticos.

Dos años de construcción colectiva: así nació el CPUA
Detrás de la aprobación por unanimidad en el Concejo Deliberante hubo un proceso que duró más de dos años. El Código de Planeamiento Urbano Ambiental (CPUA) no se escribió en un escritorio cerrado, sino en mesas de trabajo, consultas públicas y reuniones vecinales.
El equipo técnico interdisciplinario fue liderado por el arquitecto Joaquín Quijano, secretario de Obras y Servicios Públicos, junto a los arquitectos Yamila Sapper y Sebastián Galarza. Su objetivo no fue solo redactar una norma, sino construir una herramienta ciudadana, para una ciudad más eficiente.
“El CPUA permite que cada vecino conozca las potencialidades de su parcela, lo que favorece las inversiones y los nuevos desarrollos”, explicaron desde la Dirección de Arquitectura municipal. Ese abordaje participativo le otorga al código una legitimidad difícil de ignorar. La votación unánime en el Concejo Deliberante fue, en ese sentido, la constancia más visible de un consenso que venía gestándose en el territorio.

Pero el CPUA no se construyó solo sobre la escucha vecinal. También supo capitalizar lo aprendido en experiencias previas de planificación. Entre ellas, el Plan Estratégico Urbano Ambiental (2017) y el Plan de Movilidad Sostenible (2021) dejaron diagnósticos, metodologías y lecciones que el nuevo código integró para no repetir errores ni partir de cero.
¿Por qué importa esto?
Las ciudades como Puerto Rico tienen una ventana de oportunidad única. A diferencia de las metrópolis consolidadas, aún pueden evitar errores del pasado: loteos sin servicios, impermeabilización de suelos, dependencia absoluta del automóvil y destrucción de humedales urbanos.
El CPUA es una herramienta para gestionar el territorio y en urbanismo, tener reglas claras es el primer paso para que el desarrollo privado se encuentre con el interés público.
Puerto Rico dio un paso estratégico. Y eso, en tiempos de crisis climática y fragmentación urbana, no es menor, es afrontar los desafíos globales con acciones locales para una ciudad más verde, humana y sostenible.
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